~ ¿Qué fue lo último que se robó o le robaron?

Hasta 120 palabras, ¿vale?


Viene de Ñusléter #195

21 comentarios:

  1. lo último que me robaron fue un encendedor en la facultad (si, hay que ser rata miserable para robar eso) y lo último que robé fue un cigarrillo a mi vieja cuando me quedé sin y hacía mucho frío para ir al quiosco de la esquina de casa.. jojo
    saludos!

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  2. me robé una foto de una casa

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  3. Andrés C dijo:
    me robé "vendrá la muerte y tendrá tus ojos"

    Cesare Pavese dijo:
    me robaron "vendrá la muerte y tendrá tus ojos"

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  4. tengo una caja de ahorro y estoy seguro de que el banco me roba todos los días.

    lo últime que robé fue el libro "el golem".
    aun temo invisibles represalias ancestrales.

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  5. mi marido se robó una pandereta divina, y yo fuí su cómplice.

    Telefónica de Argentina me robó la confianza en la facturación de las empresas.

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  6. Me robé un salero en un tenedor libre en el que comí un poco de ensalada y una porción mínima de pollo seco y frío (porque había que hacer cola hasta para que te sirvan un raviol) y tomé un vino y me cobraron $80. Fue por indignación, una suerte de revancha kármica.
    Y me robaron el corazón, hace unos días. Todavía lo tiene... (yo le robé también el suyo, je... pero esta vez no fue revancha, sólo coincidencia, creo).

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  7. le robé un "te amo...", que no merecía y sobre todo no esperaba.
    me robó la ignorancia, para quedarme con la realidad de mi presente.
    sigo recordandola, robandole algún instante cada día.
    tengo mucho que encontrar, para dejar de robarle a mi verdad...

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  8. iba a poner que me robé una manzana o una naranja, pero luego pensé en una fraze de V: (no me la acuerdo pero dice que no es robo sino tomar) y bueno, le robaría a él

    lo último que me robaron fue el sueño, unos pájaros que pasaron su sombra por mi cara

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  9. el martes pasado me robé el menú de la confitería ideal, ahora está en casa.

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  10. Respondiendo a la encuesta, tengo en mi memoria un robo que en realidad fueron dos robos muy conectados hace algunos años (no debe haber sido el último pero sí el más importante), tenía un amigo que escribía asiduamente poesía igual que yo, que usaba una metáfora hermosa sobre un caracol dentro de otro (no recuerdo sobre qué, ni en qué contexto), la imagen no era muy original, pero me regaló un especimen de esa especie copulando, fue así que me adueñe de esa imagen que creí que no era exclusiva, pasaron algunos años, y la exclusividad emocional hizo que mi amigo indagara en mi cuaderno de notas y vió la utilización de esa metáfora, me habló sobre los robos, es decir me acusó de ladrona y me contó que él robaba mucho también. Yo vivía en su casa en ese momento y tenía una hermosa colección de sombreros de todos los colores y tamaños. Al mudarme muchas cosas quedaron en el camino, entre estas creí perder mis sombreros... Un tiempo después me encontré en el tren sarmiento (la promiscuidad del viaje amerita contarles el lugar) con un amigo de mi amigo que me contó que también había estado husmeando en mi cuaderno de notas y en algunas fotos mías que tenía mi amigo (por supuesto que en ese momento comprendí que ya no era más mi amigo), una de esas fotos era uno de esos objetos que yo creí haber perdido. Es decir que entre el robo de la foto y el de los sombreros no debía haber mucha distancia. La conclusión que saqué fue que más vale cabeza con sombrero que dos caracoles copulando... O por robarme una imagen me quedé sin sombrero, o cómo diría Lorca, por tu amor me duele el aire el corazón y el sombrero...

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  11. Me robaron el timbre tres veces en seis meses. El último era apenas un
    pulsador.
    Mi apogeo delincuente comenzó a los 11 años y terminó a los 12. Después de eso
    nunca más robé.
    No me arrepiento.

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  12. La verdà, supe ser bastante ladrona en un tiempo; creo que lo peor fue cuando en ocasión de estar en un lujoso hotel donde iba a trabajar como actriz en un evento, encontré en el lugar que nos habían asignado para maquillarnos un frasco de perfume tamaño gigante, realmente tan gigante como espantoso. Las pupilas femeninas brillaron por un segundo pensando que alcanzaría para embadurnarse de por vida y sin dudar, nos lo cargamos en un bolso (hablo en plural pero fui yo claramente la arengadora del delito). Al final del día de trabajo, ya en el hogar, supimos del agua con colorante. El frasco "prototipo", ese que terminó faltando en el evento de presentación del día siguiente, sobrevivió por lo menos a dos mudanzas como espantoso florero de un raído potus de departamento. Todo tristísimo.

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  13. Habíamos emigrado. Alquilamos una casa en las afuera de la ciudad en donde nos radicamos. Yo quería vender el auto y comprar con dicho importe aunque sea una pieza pero nuestra, para evitar que la catástrofe que veníamos sufriendo fuera aún mayor.Temía que al auto nos lo robaran (como efectivamente más adelante ocurrió) Era bastante nuevo. Lo habíamos comprado en un círculo de ahorro y habíamos logrado salvarlo milagrosamente de deudas con el banco, después del desempleo.
    Me volví adicta de cuanta información inmobiliaria cayera en mis manos, o de los carteles de "Se vende" que me tropezaba en la calle (era capaz de bajarme de un colectivo en la mitad de mi recorrido, si no lograba registrar a tiempo el teléfono, con mi lapiz siempre a mano y los fines de semana familiares era gastados fanáticamente en recorrer, con el auto, circuitos inmobiliarios, que llegué a conocer mejor y más rápido que los monumentos culturales o recorriddos turísticos del país que nos cobijó en medio de nuestra desgracia. Así, después de meses de intensa búsqueda , al fin , encontré la propiedad ideal para nuestros bolsillos y necesidades , a través de una publicación afín, gratuita, que una mano generosa pasó por debajo de mi puerta. Me movilicé con la rapidez que requiere el caso cuando la oferta es buena pero fue tarde. Sin poder contener mi indignación de no haber podido siquiera presentar mi propuesta de negociación, mejorando lo que se hubiera presentado, increpé descaradamente al titular de la empresa que estaba a cargo de la transacción, acusándolo de robo, que me habían robado la propiedad a comprar. No sólo el asombro del señor fue mayúsculo sino que tímidamente me hizo notar que el boletín inmobiliario que yo tenía en la manos, era cinco número atrasado del momento en que salió la oferta del inmueble de marras, con respecto al momento actual, de la venta.
    Después de el duro golpe sufrido, sobretodo a mi autoestima, al fin pudimos comprar, ya más tranquilos, más adelante, en cuotas, a muchos años, una casita a las afuera de la ciudad, en una urbanización de propiedades a estrenar.
    Con la alegría de la mudanza vino otra buena nueva, la posibilidad de comprar el terreno aledaño a la casa, en condiciones tan accesible como imposible de rechazar (aunque debíamos endeudarnos aún más). Al poco tiempo, una de las casas vecinas, también se ocupó. Una tarde tranquila de fin de verano mi nueva vecina tocó airada la puerta de casa a modo de presentación. Sin darme tiempo a reaccionar ni a presentarles los saludos de bienvenida al barrio, irrumpió en la sala y me dijo de muy mala manera que necesitaba hablar urgente conmigo. Aceptó a regañadiente mi invitación a sentarse y sin miramientos alguno me espetó en la cara que le habíamos robado el terreno de al lado. Yo no entendía nada de lo que me decía y trataba que se calmara pero ella hablaba sin parar y muy enojada sobre las condiciones de venta de dicho terreno, que las casas que limitaban con el mismo tenían derechos preferencial sobre la compra, que lo decían muy expresamente los estatutos de la urbanización y que yo me había apurado a comprarlo antes de que ella siquiera comprara su casa y con ello había lesionado sus derechos, los que ella tenía sobre dicho inmuble que necesitaban urgente para un emprendimiento familiar y que por lo tanto yo le había robado su posibilidad de comprar el terreno, que las cosas no iban a quedar así y que ella iba a tomar las medidas pertinentes.

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  14. Anexo. Cuando se escribe, a veces uno se roba así mismo porque donde dice, en el texto anterior:
    " me hizo notar que el boletín inmobiliario que yo tenía en la manos, era cinco número atrasado del momento en que salió la oferta del inmueble de marras, con respecto al momento actual, de la venta. "
    debe decir: " me hizo notar que el boletín inmobiliario que yo tenía en la mano, era de fecha del mes actual pero de un año anterior y que la propiedad en cuestión había sido vendida en aquella oportunidad"

    Como aún me avergüenza tanto mi torpeza inmobiliaria escamoteé ex profeso los datos reales con la ingenua intención de exorcisarlos y salir mejor parada en la historia de marras. Por suerte, como narrador se puede ser tramposo, aunque no sé cuál es la gracia.

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  15. me volvieron a robar, pero esta vez me amenazaron con un arma, y me sacaron el celu.
    tristísimo lo mío.
    y le saqué un encendedor a mi mejor amigo, jojojo

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  16. también te robé las ganas de escribir?

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  17. Me robaron la palabra...algo rarísimo, nunca me había pasado esto. Parece que no solo piensan por mi, también hay gente que habla por mi porque se ve que tienen mejor información de mi que yo misma! Es buenísimo! La verdad es que podría aprovecharlo porque me ahorraría bastante trabajo si no fuera porque en general no estoy de acuerdo con lo que escucho que pienso, siento y digo según los chorros. Todo un lío y podría ser más sencillo. Más que choreo, anulación de quien escribe, o sea, yo. Por suerte, esto no me lo roba nadie (me refiero a la palabra escrita).
    Ante cualquier duda, consultar con el delincuente mayor, alias "Marmoto Cross". Él siempre tiene una respuesta y si no...la inventa! Gracias!

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  18. Gladys (me mataste con el apodo)jueves, 02 octubre, 2008

    Robo a repetición: Hay un chorro que frecuentemente y con una eficacia casi perfecta (del 97.3%) consigue robarme el piso en donde estoy parada, una y otra vez. Siempre espero que sea la última, pero el delincuente vuelve a interceptarme y yo...yo me dejo afanar...seeeeeee, si me encanta andar a 3 mts. de altura. Inimputable.

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  19. Un chocolate suizo en el Disco. Me gusta robar chocolates en el supermercado.

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  20. "¿Existe ese Aleph en lo íntimo de una piedra? ¿Lo he visto cuando vi todas las cosas y lo he olvidado? Nuestra mente es porosa para el olvido; yo mismo estoy falseando y perdiendo, bajo la trágica erosión de los años, los rasgos de Beatriz." El Aleph, JLBorges.
    Qué afortunado! A mi, por el contrario, me robaron la mente, sus poros, el tiempo, el olvido...me dejé ganar y afanar.

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  21. celular. ipods. 1200 pesos. una converse. yo q c q mas
    me robaron el celular que robe jaja
    pero me conoces y soy la mejor persona slo que es cmo que se te hace una adiccion cuando no tenes necesidad.

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