~ ¿Se cuenta una situación en una sala de espera?


Por favor.
En 80 palabras.


Viene de Ñusléter #185.

7 comentarios:

  1. Voy al cardiólogo, tranquilo, ya aprendí a leer los resultados de los análisis de colesterol y el electrocardiograma.
    Sé que me repetirá la necesidad de dejar el cigarrillo, pero como él también es fumador no tiene demasiada autoridad para exigirlo.
    LLueve, la luces de la calle se encienden, pero la secretaria del doctor salió de la sala de espera, y una penumbra se asienta sobre los anodinos sillones, la mesa ratona y las revistas de hace dos o tres años. El paisaje inglés de la pared de enfrente casi ni se distingue.
    Reparo en la pareja que, sentada a mi derecha, espera su turno. ¿Él o ella? Como sea, comienzan a besarse, entrelazan sus manos. Me siento algo incómodo. Ellos siguen, cada vez mas lanzados, la mano de él levanta la blusa y busca el pecho de ella. Trato de no mirar, pero es inútil. Ella se suelta el pelo, lo tiene realmente largo, abundante, se derrama sobre el torso del hombre, quién, de repente, la toma por la cintura y con un sorprendente movimiento la sienta sobre sus piernas.
    Cada vez mas inquieto, me levanto y miro por la ventana. Es peor, el reflejo insinúa aún más la situación. Sus movimientos se aceleran. Abro la puerta y me lanzo hacia la lluvia, antes de cerrar creo distinguir la figura de ella de rodillas.
    Me prometo no volver al cardiólogo, si pude soportar esta situación, mi corazón no me dará problemas por un tiempo.

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  2. Suspiro. Los demás observan con disimulo... es el color de las paredes (¿qué color es este?)... y las revistas incompletas (¡faltan las fotos de los tesoros submarinos!)... y la alfombra obscena (¿si se cae mi bufanda?... y esas plantas polvosas (¿de plástico? -aunque lo fueran necesitan regarse con urgencia-). Y la recepcionista (¿abandonada?)... y... y... y... -véloz cercanía de la alfombra odiada-(más asquerosa de taaaaaaan cerca... ¡y llena de pelos que entran a mi boca abierta y rígida!)... ¡crack!

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  3. A la espera que me llame el dentista soportando el dolor pulsatil de la muela, me informo de lo que sucedió hace años leyendo gastadas revistas de hojas resblandecidas y de puntas sospechosamente gastadas.
    Repaso la muerte de Perón, me entero que encontraron una bala de cañon antigua entre el barro del Riachuelo, que la vedette fulana tuvo gemelos del empresario mengano luego que el doctor sultano le sacara las protesis gigantescas, que al parecer la cosecha de sorgo va a ser genial este año de 1986, y por fin encuentro un aviso funebre donde informan de la muerte y cristiana sepultura de alguien con mi mismo nombre. Automáticamente me miro en el reflejo del vidrio de la mesita y confirmo que yo todavia estoy aqui. En eso me llama la secretaria del tordo y me distrae. Quiero confirmar si estoy muerto desde hace tiempo, pero otro paciente ya entreveró la revista en el montón... tendría que buscar demasiado. Vuelve la realidad, el dolor pulsatil y comienzo a sentir el ruido del taladro antes de entrar. "Si me duele, existo" me confirmo en un tono Descartesiano.

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  4. Late corazón, late
    Como se sacude cada vez que llego.
    Siempre me preguntas lo mismo.
    PRIMERA VEZ?
    No... la ultima?
    Será esta la ocasión que te pueda preguntar
    para donde vas cuando salís
    PASE Señor, como diez minutos, nueve......ocho
    es lo que voy a tener que esperar.
    Mozart de fondo es tan insoportable como
    el sonido del silencio
    PASA.

    Que tal Doctor?
    Que haces de vuelta acá? Y ahora que te paso?
    Se me aflojaron los aparatos.
    Como puede ser? Te los ajuste el Viernes....

    Me das un turno?
    CUANDO PODES?
    (cuando quieras...que linda que sos)
    VIERNES 15HS, ESTA BIEN?
    Seguro que mi edad es la que la asusta.
    Debe tener como dieciocho.
    Y yo que tengo solo trece,
    nunca mis dientes van a quedar bien....

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  5. Sala de espera del infierno

    Néstor abrió los ojos aturdido, sentía frió, tenia las extremidades entumecidas al extremo.
    Su cabeza era un hervidero incomprensible. Distinguió una sala lúgubre cuyo piso era rojo fuerte, las paredes tenían extraños dibujos, el techo de un naranja muy encendido que parecía moverse y daba cierta luminosidad. Quiso incorporarse pero su cuerpo no respondió. Noto que podía mover la cabeza lentamente. Vasto para ver una rubia en ropa interior sentada a su lado inmóvil. Giro mas la cabeza y pudo ver por sobre la joven que había una fila interminable de pacientes. A la diestra de la rubia pudo ver un soldado con una bincha con arabescos muy herido y todavía humeante. Mas allá disntinguio una rabino y varios soldados rubios. Veía mas figuras pero no las discernía. Giro la cabeza al otro lado y pudo descubrir que los dibujos de la pared eran como fotos carné. Innumerables. Vio algunos rostros conocidos pero no podía enhebrar sus nombres. El aire se hizo irrespirable y la puerta se abrió intempestivamente, una figura horrible hizo vibrar el piso con sus pisadas. Lanzo rugidos envueltos en fuegos apestando a azufre e incontables esbirros aparecieron de la nada presurosos. Ensartaron en tridentes a los combatientes y al rabino y los arrastraron tras el portal.
    La fila se reacomodo, pudo sentir la vibración en el banco.
    La bestia se paro frente a Néstor.
    -- ¿Quelugareshtesh? –Arremetió Néstor presa del pánico. Ardieron los ojos del guardián.
    --¡Muévete!—Le bufó señalando el portal--¡Nuestro príncipe Belcebú té vera y no eres tan importe para hacerlo esperar!—Le increpó azuzándolo con su cornamenta.

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  6. Y de gauchos también

    Caía la noche en la estación Ceres. Alrededor del fogón cinco mozos con sus bagayos esperaban el carguero que los traería a la exposición en Buenos Aires. Al lado del fogón Don Telémaco Moreira arreglaba las brasas con un fierro de marcar. Uno de los jóvenes le da pie para hacerlo hablar —¿Don Telémaco uste no va pa la capi? —
    El anciano detrás del vapor de la pava le responde sin levantar la vista — E sabido dir varias veces cuando era un gurí como ostedes—
    —Cuéntenos Don Moreira ¿Cómo es la Bueno Aires?— Le interrogo el chaqueño Barrientos, otro de los mozos Adulándole.
    —Supe dir docena de veces a la capi porque era el mejor cuidador de la hacienda— Expreso el anciano con orgullo. —Hasta que me corrió el ladino. Ande ahí no jui más—
    — ¿Cómo es eso que lo ha corrido el ladino? — Pregunto el tucumano Luna con cara de espanto.
    —Güeno—Repuso el anciano sin soltar el fierro—Jue la ultima que supen dir. Había sido una exposición donde vendimos tuitas las pensionadas y el patrón nos regalo dinero del bueno. Con lo otro aparceros nos juimos a festejar a la esquina de Don Bullrich y El Libertador. Le acompañamos al asadito de eportación con varias flacas e tinto a falta de damajuanas. No se a que hora salimo pero venia cayendo el rocio. El resto e la tropa se jue pal Jardín Japonés. Yo estaba cansado y me jui pal hotel en la calle del Oro.
    Le iba yegando, ya tenia del cartel luminoso solo unos trancos, cuando vide en la esquina una joven muy hermosa. Como la Susana Campos pero morocha. ¿Han visto? — Les interrogo a los jóvenes que mudos asintieron con la cabeza.
    —Ansina jue—Retomo Don Telémaco— La salude con rispeto y ella me sonrió con una dentadura blanca y brillante como la luna. Le pregunte porque tan guapa mocita andaba al sereno y me rispondio que le tenia miedo al obscuro y no se animaba a cruzar hasta la calle de Don Sincler. Me ricuerdo aquello y me quiero rebenquear en la boca por sonzo. —
    —¿Por qué? — Preguntaron con pavura los baqueanos al unísono.
    —Risulto que me ofrecí a escoltarla pa que nada le ladee el camino qui bastante negro estaba y la moza acepto gustosa. Andábamos llegando a la calle del ingles cuando sentí que me tomaba de lo hombros y me metió en el zaguán de una tapera sin tocar el piso. A los zopazos me tenia en la penumbra, a zopapo limpio perdí saco sombrero, botas, chaleco, cinto y cuanta plata y cosa traía encima. En camisa y paños menores me dejo a puro riboliearme. En una momento se paro contra la pare y de un escupitajo como de guanaco en celo nublo la poca clarida que entraba por el vidriado de la puerta. Alcance a ver que se levantaba la falda hasta las caderas. Infeliz de mí pensé que aquello podía mejorar. Me angarro del jopo andijpue me revoleo contra las paredes hablando con voz como lobisón hasta que se canso. —
    La tropa se persignaba mientras el relator mojaba los labios. — ¿Y que paso? —Pregunto Luna ansioso y con pavura.
    —Ansina jue. Como les digo. —Repuso Moreira— Me revoliaba del jopo como quien sacude una manta. Me tenía con la cara contra el ladrillo con una juerza que no es de mujer. Le oía decir blasfemia y con uñas afiladas me rasgaba la ropa y la carne. Me dio unas vueltas como de trompo burlándose y me hinco e rodillas frente a ella. ¡Y ahí les digo que era el ladino! —
    — ¿Por qué dice eso? —Pregunto Barrientos con la mano en el facón.
    —Porque me tomo de las orejas—Continuo diciendo el viejo— Y con ruidos extraños froto mi cara contra la pelambre... ¡y ahí les digo que el ladino tenia una cola adelante del largo de un codo e cristiano!, y con olía a burro. —
    El viejo hizo un silencio negándose a recordar.
    — ¿Y que más paso? — Pregunto con temor otro de los jóvenes empalidecido.
    —Ansina es que ya me tenia resignado pa lo pior cuando vide en un costado riflejo e luna en el agua. Y ustedes saben que el agua pa los malos es como el fuego pal cristiano. Y Ahí jue que junte juerza y al grito de ¡Vade Retro! Le arroje un manotazo de agua y barro y me largue con todo contra la puerta. De un pechazo la tumbe y salí a la calle a los revolcones. Vide las luces de la calle Del Oro que parecían mas lejo antuavia, santiguándome corri mas que un flete. Detrás mío venia el malo bramando groserías.
    Así como venia corriendo doble pal hotel y me tire de cabeza por una e las ventanas.
    Y ansina jue como me salve an dijpue no volví pa la Bueno Aires. El Patrón siempre me quería llevar pero no quise volver por nada del mundo. Y así es como me dejaron como jefe e la tropa. —
    Un Silbato de tren a la distancia sobresalto a los jóvenes. Luego de subir al convoy se asomaban para saludar a don Telémaco que batiendo pañuelo en mano los despedía.
    —Tengan cuidado con las mozas del Palermo que vienen con sorpresa. Lleven siempre el facon en la cintera— Les decía con una sonrisa. Los jóvenes atónitos todavía solo se miraron entre ellos.

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  7. estaba esperando para el dentista, había una mujer delante de mí, tenía el estómago reventado de los antibióticos, no andaba el aire, hacía calor, me descompensé y vomité una planta de plástico que había, horrible

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